Querido(a) Amigo(a)
En estos 27 años dedicados al Yoga, cada vez que le pregunté a alguien sobre sus primeras experiencias con la meditación, la respuesta fue siempre la misma: “Eso de meditar no es para mí”.
Intentaban meditar y descubrían que, aunque sus ojos estuvieran cerrados y sus cuerpos inmóviles, su mente, como un torbellino, no se detenía ni un solo segundo. Y eso, en realidad, es una excelente señal.
Quizá te preguntes: “¿Cómo puede ser una buena señal si intento meditar y no lo logro?”
Precisamente porque, por primera vez, tomas conciencia del verdadero estado de tu mente. Y ese reconocimiento es el primer paso hacia una profunda transformación.
Los antiguos sabios de la India comparaban la mente con un mono que salta incesantemente de rama en rama; por eso hablaban de la “mente mono”. Otras veces la comparaban con un caballo salvaje que, al principio, no acepta ser domado. Pero esa doma no se consigue por la fuerza, sino con amabilidad, paciencia y constancia.
La Bhagavad Gita dice en su capítulo 6, verso 6:
बन्धुरात्मात्मनस्तस्य येनात्मैवात्मना जित: । अनात्मनस्तु शत्रुत्वे वर्तेतात्मैव शत्रुवत् ॥ ६ ॥
bandhur ātmātmanas tasya yenātmaivātmanā jitaḥ anātmanas tu śatrutve vartetātmaiva śatru-vat
Para aquel que ha conquistado la mente, esta es el mejor de los amigos; pero para aquel que no lo ha hecho, la mente permanecerá como su peor enemigo.
Quizá hayas escuchado que meditar es mantener la mente en blanco, apagarla. Pero nada está más lejos de la verdadera meditación que esa idea.
También hay quienes afirman que, vaciando completamente la mente, alcanzaremos la sabiduría. Pero cabe preguntarse: ¿cómo podría surgir la sabiduría del vacío absoluto?
La mente no fue creada para ser anulada, sino para ser purificada, enfocada y elevada.
En la tradición del Yoga, la meditación no consiste en apagar la consciencia, sino en dirigirla hacia lo Divino. Es una profunda concentración en Dios, una manera de retirar la atención del ruido mental y orientarla hacia aquello que es eterno, luminoso y verdadero.
Cuando la mente deja de dispersarse en innumerables pensamientos y comienza a reposar en una conciencia superior, entonces aparece naturalmente la claridad interior.
Entonces descubrimos que el silencio verdadero no nace de una mente vacía, sino de un corazón profundamente conectado con Dios. Espero de corazón que estas enseñanzas te animen a continuar, o quizá a comenzar, tu propio camino en la meditación, comprendiendo que no se trata de alcanzar una mente perfecta, sino de aprender, poco a poco, a volver la conciencia hacia lo Divino con paciencia, sinceridad y amor.
Y aunque al principio la mente parezca inquieta como un mono saltando de rama en rama, recuerda que cada vez que vuelves al silencio interior, cada vez que vuelves a Dios, ya estás avanzando en el verdadero camino de la meditación.
Si deseas profundizar en estas enseñanzas, te invito también a acompañarme en mi canal de YouTube, donde comparto reflexiones y prácticas sobre los cuatro pilares que sostienen este camino: Yoga Tradicional, Vedanta, Ayurveda y Mindfulness.
ॐ तत् सत् OṀ TAT SAT.
En divina amistad,
Rasa Mandala Das Gran Maestro de Yoga




